
No era fácil ser portero en Brasil. En tierra de goles, samba y regates imposibles, decidirse por los guantes y tratar de evitar aquello que hace feliz a la torcida brasileira significaba remar a contracorriente. Pero Claudio Taffarel, con sus virtudes y sus defectos, cambió el significado de situarse bajo los tres palos de una selección donde los grandes cracks se erigían siempre en protagonistas para demostrar que el número uno no sólo viste el disfraz de comparsa. Un buen guardameta que sin embargo nunca fue de los grandes, pero sí precursor en varios aspectos y que a buen seguro abrió el camino para que muchos compatriotas eligiesen la portería como su lugar en el fútbol.
Surgido de la cantera del Internacional de Porto Alegre donde debutó con 18 años en 1984, defendería la portería del Inter durante seis temporadas. En 1988, en los Juegos Olímpicos de Seúl, le llegaría su primera gran oportunidad con la Canarinha en un equipo donde compartían delantera unos jovenzuelos llamados Romario y Bebeto. Su gran momento le esperaba en las semifinales ante la Alemania de Klinsmann. Con 1-1 en el marcador, Taffarel detuvo una pena máxima que ayudó a forzar la prórroga. Sin goles en ésta, en la tanda de penaltis se erigió de nuevo en héroe al detener dos lanzamientos a los germanos. Aunque en la final serían derrotados por la Unión Soviética, Seúl significó el inicio de una larga y exitosa trayectoria con la selección brasileña.

Es habitual en los debates futbolísticos hablar sobre la decadencia de los futbolistas, de quién los ha visto y quién los ve. De jugadores que fueron un día los mejores y en la actualidad se arrastran, si es que tienen la posibilidad de hacerlo, por los terrenos de juego. Un claro ejemplo de este tipo de futbolistas podría ser
Se prevé un verano muy movido en el mercado de entrenadores. Los rumores apuntan a un “baile” importante en los banquillos, incluídos equipos de primer nivel europeo. Que Capello se marche del Madrid aunque gane la Liga, para que Schuster recale en la disciplina blanca, parece lo único que pueda cumplirse de los
Por una cuestión de probabilidad incomprensible, cuando un equipo tiene problemas el primero que cae es el entrenador. El único que no puede correr, jugar bien ni marcar goles, es el primero que sufre las consecuencias de la inaceptable, incomprensible e irrepetible derrota de los domingos. Como el fútbol es universal, esta regla evidentemente también se aplica en Italia.
El Parma es el claro ejemplo de lo tambaleante que es el fútbol. Lo único seguro que hay en este deporte es que nunca desaparecerá. Sin embargo, todos los que lo practican no pueden decir lo mismo. Este equipo ha visto lo que es la cima y el valle. El juego en Europa y la lucha por no descender en Italia. Un contraste demasiado fuerte.
Al día siguiente del
Lorenzo Sanz, ex-presidente del Real Madrid, acudió por primera vez al palco del Ennio Tardini de Parma, ejerciendo como propietario del club, en el encuentro que enfrentó el sábado al equipo local contra la Juventus.

