La de River Plate es la crónica de una muerte anunciada. Este sábado no pasó del empate a uno contra Belgrano en el partido de vuelta de la eliminatoria de promoción, un resultado que, tras el 2-0 que lograron Los Celestes en el duelo de ida en Córdoba, ha dado con los huesos de Los Millonarios en la segunda división del fútbol argentino por primera vez en su historia.
Tras acabar noveno el Clausura 2011, River se quedó antepenúltimo en la Tabla de Promedios —ese invento de Grondona…—, posición que le obligó a jugar una eliminatoria con Belgrano, cuarto clasificado en la B, para disputarse una plaza en Primera División. Después de haber perdido por dos a cero en el encuentro de ida en el Gigante de Alberdi, a River le valía con lograr un resultado con una diferencia de dos tantos, puesto que el empate a goles favorece al equipo de Primera. A los cinco minutos, Mariano Pavone marcó un gol que ponía la primera piedra a una remontada por la que clamaba una afición que venía traspasando todos los límites éticos, con cánticos y amenazas a sus jugadores, técnicos y dirigentes que bien pueden resumirse en un “matar o morir”.

Al fin las 





