
Schuster no quería seguir. Lo dejó claro varias veces por activa y por pasiva en reiteradas comparecencias de prensa. Desde comienzos de temporada indicó que no se le habían traído los jugadores que había pedido, se opuso a la venta de Robinho, denunció la falta de extremos, comenzó a salirse del discurso oficial cada vez con más frecuencia, mostrando indolencia tras la derrota ante el Getafe o directamente insinuando con su particular ironía que el equipo bajo su mando no podía ganarle al Barça, que se requería un cambio de estilo.
Schuster no engaña, ha ido de frente siempre, ha lanzado mensajes a lo largo de su año y medio de estancia en el Santiago Bernabéu cargados de intenciones y desde verano su díscolo carácter le ha hecho distanciarse públicamente de sus jefes. No aceptó en ningún momento la planificación deportiva que le diseñó el experimentado, o eso diría Bernardo, Pedja Mijatovic, en caso de que sea realmente el montenegrino el que tome las decisiones en Concha Espina. Con la plaga de lesiones que ha sacudido al equipo merengue, quedaron al aire muchas de esas carencias que el alemán había subrayado en verano. Por eso forzó la máquina con mensajes incendiarios para que le cesaran.

La
Decía Fabio Capello al principio de temporada lo siguiente: “No me gusta el antimadridismo, siempre he dicho que España es muy deportiva, que la gente vive intensamente cada partido, pero últimamente no me gusta lo que estoy viendo”.

