Descartado por el Ajax de Ámsterdam cuando empezaba a dar patadas al balón, Roy Makaay fichó por el Vitesse Arnhem, un conjunto, el holandés, que le serviría de trampolín para recalar en la Liga de las Estrellas. Su carrera siempre fue de menos a más y así, tras destacar en un Tenerife que no pudo evitar el descenso, el Deportivo se hizo con sus servicios. Makaay se convirtió en un ariete total, imprescindible para todos sus técnicos y Pichichi en su último año en Riazor, donde perforó hasta en 29 ocasiones las porterías rivales y acabó proclamándose Bota de Oro. Luego llegaría el Bayern de Múnich, en donde su instinto asesino dentro del área duró tres temporadas, en las que no dejó hacer lo que más sabe: marcar goles. La campaña pasada, ya superada la treintena, regresó a la Eredivisie para enrolarse en las filas del Feyenoord, en lo que vendría siendo el principio del final de su carrera. Aun así, sumó la nada despreciable cifra de 16 dianas en 29 partidos.
Pese a llevar inyectado el gol en las venas, Marco Van Basten prefirió llevarse a Austria y Suiza a Van Nistelrooy, Kuijt o Huntelaar, elección totalmente entendible puesto que la nómina de jugadores a elegir era bastante amplia. Así, a nadie sorprendió la ausencia del ex deportivista en la pasada Eurocopa. Era, quizá, la última oportunidad de reivindicarse en un combinado que nunca presenció su mejor versión. Y es que cuando no era Kluivert era Hasselbaink, y si no, Van Nistelrooy el que le restaba protagonismo a Makaay.



