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	<title>Notas de Fútbol</title>
	<link>http://www.notasdefutbol.com</link>
	<description>Weblog colectivo dedicado al mundo del fútbol y todo lo que le rodea.</description>
	<pubDate>Wed, 20 Feb 2008 00:18:23 GMT</pubDate>
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      <title><![CDATA["Uruguayo, uruguayo"]]></title>
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      <pubDate>Tue, 19 Feb 2008 23:57:11 GMT</pubDate>
      <author>Juan Baeza</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="centro" id=image10718 alt="Ruben Paz" src="http://img.notasdefutbol.com/2008/02/img2007072509kq2.jpg" /></p>

	<p>Recuerdo un clásico ante Independiente, recuerdo que entraba desde atrás como una bala, que cogía el cuero con la zurda pisando área, recortaba adentro y se la cambiaba de palo al portero. Recuerdo que se lanzaba a las vallas metálicas, que se enganchaba al alambre y disfrutaba el sabor del gol a pocos centímetros de su gente. Recuerdo sus tiros de falta, su precisión con la siniestra. Recuerdo a todo ese estadio loco, descontrolado, gritando aquello de “uruguayo, uruguayo”. Nunca lo vi en directo pero la tecnología subsanó mi inoportuna juventud. Obviamente, no hablo de otro que de<strong> Rubén Walter Paz Márquez</strong>. </p>

	<p>Comenzó su carrera en<strong> Peñarol</strong>, con quien ganó tres ligas en cuatro años. Era <strong>un menudo volante zurdo, un centrocampista conductor</strong> de los que se ven poco hoy día, un zurdo veloz que se colaba entre la maraña de piernas para romper partidos. Se convirtió en un ídolo de los carboneros y el <strong>Internacional de Porto Alegre</strong> se lo llevó a Brasil a comienzos de los ochenta, donde continuó haciéndose más grande, ganando tres campeonatos gauchos consecutivos. De ahí al salto a Europa, al <strong>Racing de París </strong>de <strong>Francescoli</strong>, donde nunca le comprendieron. Y entonces llegó la cesión a la Academia, cruzó el Riachuelo que separa Avellaneda de la gran capital y a partir de ese momento se convirtió en algo parecido a Dios para una afición que le venera casi 20 años después. Quizás ahora con más razón que nunca.<a name="more"></a></p>

	<p>Rubén Paz <strong>es posiblemente el mejor jugador que ha vestido la elástica de Racing en las últimas décadas</strong>. Su forma de avanzar con el balón en los píes, la celeridad que le imprimía al esférico, su aceleración controlada, sus driglings inabordables, su exquisita pierna izquierda… Todo ello le convirtió en un auténtico ídolo para la gente del Cilindro que gracias a él se volvió a sentir dichosa. De la mano de Basile en el banco,<strong> logró en 1988 la Supercopa Sudamericana </strong>en una inolvidable final ante Cruzeiro. Sólo no estar acompañado de un plantel que estuviera a su altura impidió que saliera campeón en el campeonato argentino. Su enorme nivel no pasó por alto por la prensa internacional y<strong> fue nombrado aquel mítico año mejor jugador de Sudamérica</strong>. </p>

	<p>El mejor diez de Racing que se recuerda vio interrumpida su meteórica carrera por el maldito dinero. Su caché había subido como la espuma, la Academia intentó comprar su pase pero resultó imposible. Abandonó Avellaneda para jugar un año en el<strong> Genoa</strong>. En Italia no sería feliz. Por eso un año después regresó a casa, al lugar donde más le quisieron, donde le brindaron amor incondicional, donde más apreciaron sus vertiginosas formas. Y en Racing continúo unos años hasta terminar su carrera en Uruguay con un paso intermedio por <strong>Godoy Cruz</strong>. Nadie le olvida en la Acadé. ¿Cómo hacerlo?</p>

	<p>Paz no colgó las botas hasta hace bien poco. Estuvo desempeñándose en divisiones inferiores de su país, aunque su último momento de gloria le llegó en <strong>la gran fiesta del centenario de Racing, un inolvidable 25 de marzo de 2003</strong>. En la previa a un choque de la Libertadores, se celebraba un encuentro entre viejas estrellas de Racing y otros equipos de Sudamérica. Evidentemente, <strong>Rubén Paz, ya con barriga indisimulable y 44 años a sus espaldas, se vistió de corto ante un Cilindro a rebosar. Ese día hizo un golazo</strong>, buscando el hueco en la banda izquierda, tirando un amague para engañar a su par y rematando fino al otro palo del portero. Fue su último gol, su última maravilla, fue la última vez que sonó con fuerza eso de “uruguayo, uruguayo” en casa academica. Un grito, dicho sea de paso, que en Argentina, como en otros países, se ha vulgarizado con el paso del tiempo.</p>

	<p>Posiblemente a Rubén Paz le faltó jugar en <strong>River o Boca </strong>para alcanzar la notoriedad que llegó a tener Francescoli, posiblemente le faltó hacer algo grande en el viejo continente… Posiblemente sí. Sin embargo, es indudable que es de los pocos que triunfó a los dos lados del Río de la Plata, de los pocos que masticó gloria, que se ganó el respeto de las hinchadas rivales y los piropos de los más grandes.<strong> “Cuando entró Rubén Paz, temblamos”, cuenta Maradona</strong> como anécdota, refiriéndose a aquel cruce de octavos de final en el Mundial de México. Dijo, por su parte, Basile hace poco, él, que tanto lo disfrutó, que la pegada de<strong> Riquelme</strong> le recordaba a la de Paz, con la salvedad de que el bostero es diestro. Creo que es demasiado decir, los años le pasan a Alfio y se nota en pequeños lápsus como éste. </p>


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