
Cuando uno ve jugar a la selección española y al FC Barcelona, se carga de razones para pensar que la época de los extremos puros pasó totalmente de moda. Sin embargo, en este mundo del fútbol actual que tiende a poblar la parte central de la medular, en detrimento de los costados, hay un equipo que pone un excepcional contrapunto, adquiriendo un cierto toque añejo y romántico, por practicar un estilo de juego cada vez más relegado al pasado.
¿Dónde jugarían en nuestros días Omar Orestes Corbatta, Best, Garrincha, Paco Gento, Dragan Djazic, Paolo Futre, el Giggs de los mejores tiempos o el propio Figo del Barcelona y comienzos del Madrid? ¿Tendrían sitio en nuestro fútbol? ¿Podrían jugar en el actual Barça o en el Santiago Bernabéu? Posiblemente, no, seguramente, no. De hecho, tenemos el caso de Arjen Robben, uno de los mejores extremos del mundo, desequilibrio puro, que no tenía lugar en el plan de fútbol de Pellegrini, porque los extremos, simplemente, ya no están de moda. O al menos, en casi ningún sitio, porque a esos genios, en muchos casos extravagantes, siempre les quedará el Ramón Sánchez Pizjuán.



