En poco más de tres meses, Quique Sánchez Flores se ha visto varias veces obligado a pedir disculpas a la afición del Atlético de Madrid. Cualquiera diría que le contrataron para ello. Este domingo, tras la pésima imagen que sus jugadores ofrecieron en el Vicente Calderón frente al Málaga, no tuvo más remedio que repetir las palabras mágicas. La sala de prensa del Manzanares se ha convertido en un confesionario público donde el técnico da la cara por sus futbolistas, dejando entrever, al mismo tiempo, lo mucho que se avergüenza de ellos.
Quique es ya un experto en esto de pedir perdón, pero, además, desde que llegó está especializándose en tirar cumplidos a la afición, haciéndole ver lo maravillosa que es por soportar algo que él mismo no acierta a comprender. De este modo, el madrileño ha creado una especie de vínculo emocional con la grada: coincide con ella en que muchos de sus jugadores son malísimos. Ahí no queda otra que estar de acuerdo. Si algunos recelan de su pasado madridista —algo absurdo—, otros confían en su capacidad de trabajo. Lo malo, lo peor de todo, es que en tan poco tiempo él mismo haya perdido esa seguridad con la que llegó. Se le nota, y no es para menos.

“Tenemos un entrenador con experiencia, inteligente, metódico hasta la obsesión y con capacidad para manejar las turbulencias que puedan surgir…”, sostiene Jorge Valdano para respaldar a Manuel Pellegrini tras la derrota del Real Madrid ante el Sevilla. Hay también argumentos que abandonan lo terrenal para viajar a lo sobrehumano; no puede ser menos tratándose del dios Maradona: “Hay que dejar todo como está; sólo aceptaríamos que vengan Jesús y la Virgen María”; así defiende Carlos Bilardo al ‘Pelusa’.

