
Aquellos que les gusta el balompié más humilde, el que pasa desapercibido entre tanto fútbol de caviar y lingotes de oro en bandeja de plata, está de enhorabuena: ha llegado el momento de la temporada donde se decide todo. Es un poco raro que no haya un aficionado al fútbol que no simpatice con un sólo club de los ochenta de Segunda División B. Principalmente esa relación viene por la proximidad geográfica y las raíces de uno mismo, por lo tanto hace que todo sea más sencillo, más humano me atrevería a decir. Sabes que tu equipo de Segunda B no tendrá una portada ni será noticia, salvando el Alcorcón de turno.
Este post no viene para hablar de la Segunda B, sus equipos, sus jugadores y los escasos recursos que tratan a todos por igual. Este post es de Champions League, de la Champions League de Segunda B que no es otra que las eliminatorias donde unos pocos levantan el torfeo de ser equipos de Segunda División mientras que la mayoría volverá a intentarlo otra temporada más.




Mezclando tocino con velocidad hago un extravagante símil entre la liguilla de ascenso a Segunda División y la tan esperada votación de Eurovisión. Seamos claros, ¿a quien le importa las canciones del festival si lo que interesa son las votaciones? pues algo parecido se podría trasladar al
La Segunda División B es una categoría tan interesante como olvidada: por encima de todo les interesa a los aficionados y a los directivos, pero también a quien nos gusta ver una mezcla entre jóvenes talentos y estrellas venidas a menos. Cuando digo olvidada pienso en la RFEF que poco o nada hace por profesionalizar una categoría, en teoría sí es profesional, pero que en la práctica deja mucho que desear. No son pocos los directivos que han mostrado su desencanto con la Federación por la dejadez con los clubes de Segunda B.
Aunque nadie lo diría por la escasa repercusión que ha tenido, anoche y el martes hubo,

