
Para el aficionado sevillano, retratados a menudo como supersticiosos, hoy se habrá hecho más cierta que nunca la afirmación de que “entrenador nuevo victoria segura”. Yo, como no soy supersticioso – porque da mala suerte – explico el repaso que hoy le ha dado el Sevilla al Valencia (3-0) con la simpleza de un equipo que es netamente mejor que el otro en estos momentos. Y es que mientras el Sevilla ha mostrado su mejor cara y sus jugadores nos han ofrecido su mejor nivel en las cualidades por las que ya son conocidos, el Valencia ha mostrado la misma apatía y poca capacidad de reacción como la mostrada ante el Rosenborg.
Es de esperar, pues, que la atención mediática en los banquillos pase del affair Juande a la delicada situación de Quique Sánchez Flores. Los problemas a los cuales nos hemos referido en otras ocasiones aquí siguen sin solucionarse: la defensa sigue haciendo aguas – tres goles más para el casillero y los dos primeros auténticos regalos defensivos-, falta de un jugador cerebro en el centro del campo y, lo que para mí es más grave, poca capacidad de cambiar el ritmo, la marcha del partido. Parece que el Valencia siempre juega igual, vaya ganando o vaya perdiendo, y esto es una dudosa virtud en un equipo cuyo estilo de juego le está reportando más de un disgusto.


Estamos en verano y ésta es la época en la que vamos observando lo que darán de sí los equipos de cara al nuevo curso. Así, nuestros cuatro representantes en la próxima edición de la Liga de Campeones no han fallado. Si ayer hablábamos del 
Es bonito ver casos como el de Christian Poulsen. La historia de este pulmón de la medular, un auténtico superdotado en su puesto que ha dado un salto considerable de calidad a este Sevilla que entrado mayo sigue aspirando a todo por increíble que parezca, es anecdótica e incluso conmevedora por este fútbol tan comercial que nos ha tocado vivir. Conoció la ciudad hace poco más de un año, cuando jugó el partido de vuelta con el Schalke en el Pizjuán por un puesto en la final de Eindhoven. No tuvo suerte pero quedó fascinado por el ambiente de Feria que se vivía en aquella semana en la capital andaluza. Allí comenzó una bonita historia que todavía hoy dura.
España se la juega ante Dinamarca. Pero Dinamarca también se la juega ante España. Dinamarca va de tapada, aunque, nadie lo dude, pretende dar la sorpresa el sábado en el Bernabéu. Condiciones tiene para ello. Así que mucho ojo con el conjunto que dirige Morte Olsen. Para empezar, a diferencia de otros combinados nacionales como puede ser el nuestro, Dinamarca sí es un equipo que tras quedarse fuera del Mundial no quiere decir no a la Eurocopa de 2008. Hay que decir, no obstante, que el empate en el pasado mes de octubre ante Irlanda en casa dejó muy mal sabor de boca, aunque la victoria frente a Australia en el pasado amistoso de febrero por un contundente 1-3 ha dado aire a Olsen y a sus chicos.

