
Pep Guardiola le daba mucha importancia al partido de ayer, temeroso de que las importantes citas con el Arsenal y el Real Madrid provocaran que sus jugadores aplicaran la ley del mínimo esfuerzo. Sorprendieron los descartes, con Xavi en el banquillo y Henry en la grada, a los que había que sumar la baja de Alves por sanción y la de Iniesta por lesión. Y a última hora, durante el calentamiento previo, se cayó Ibrahimovic, con molestias en el sóleo.
Entró Bojan en el sitio del sueco y, llegados a ese punto, el once blaugrana era de lo más extraño: reapareció Abidal (con dos asistencias), Chygrynskiy jugó su primer partido desde el Día de Reyes y, con Puyol en el lateral, el que se quedó fuera fue Milito, reservado para el martes. La medular estuvo formada por Busquets, Touré y Maxwell, desplazado a una zona, la de pivote, en la que ya había jugado en el Ajax.


El 25 de agosto de 2003, año del centenario atlético, Boca Juniors visitó el Calderón para disputar el, hasta ahora, último Villa de Madrid. Ganó el Atlético 1-0, gol de Fernando Torres, quien quedó asombrado con la actuación de un defensa rival: Luis Perea. Al parecer, el ‘Niño’ recomendó su fichaje y Enrique Cerezo no dudó, aunque tuvo que esperar un año para traer al colombiano. Perea era un auténtico velocista; un defensa contundente, rapidísimo y con anticipación, capaz de llamar la atención de todo un señor delantero como Torres. Hasta el nombre de su ciudad natal le venía que ni pintado: Turbo.


