
-Lo cierto es que en junio acaba mi contrato, y cuando los entrenadores acabamos un contrato está claro que tenemos que esperar a que finalice el Campeonato para poder decidir el futuro por las partes que se consideren. En este caso, el Mallorca si me ofrece la renovación, y si no, buscar otras alternativas profesionales; es esa la situación, no le doy más vueltas ni tampoco pienso en ello. Ahora mismo lo único que pienso es lo que estamos comentando, las jornadas que quedan para acabar el Campeonato, y cuando termine, Dios dirá.
-Bueno, las cuestiones profesionales de los entrenadores… nunca vemos cuál será nuestro destino. He pasado por diversas circunstancias en mi faceta profesional, y siempre uno sueña con poder estar en algún equipo con unas aspiraciones altas. Pero ese destino no depende de uno, sino lógicamente de los equipos, de las ofertas que puedan llegar. Eso es así, aunque me siento perfectamente culminado con entrenar todos los años en Primera División, pero a cualquier profesional le gustan aspiraciones mayores, y si alguna vez me llegara alguna oferta de un gran equipo, lo agradecería.


Impresionante lección de actitudes en el Santiago Bernabéu. El fútbol volvió a mostrarnos cuán peligroso es mirar desde arriba a un rival superior sin la pericia necesaria para administrar las inercias; y lo hizo de una forma significativa, en forma de enseñanza, castigando a un equipo mezquino en sus convicciones para premiar a otro que verdaderamente creyó en su destino. El Real Madrid remontó un 0-2 al Sevilla, y no necesitó grandes formas, sino su propia fe y el miedo del adversario; que también puede formar estrategia. Debe de imponer verse por delante del conjunto de Pellegrini en su feudo, y han de temblar las piernas hasta relajarse en la derrota, tal y como pareció sucederles a los de Nervión.
En Can Barça viven pendientes de Henry. El delantero francés no pasa por un buen momento; él lo sabe, lo reconoce y por eso admite que un canterano como Pedro esté por delante. Guardiola confía en su recuperación y ha salido al paso de las críticas, ésas que le dan por acabado, que le sitúan en el punto de mira, que intentan restarle puntos a su profesionalidad. Todo parece señalar en esa única dirección, e incluso en su selección es discutido. El mal estado de ‘les bleus’ no hace sino empequeñecer su sombra; agrandar su historia tal vez, pero turbar su presente. Y esa es mala señal.



