Para este Atlético hay un mal superior a cualquier otro, un enemigo implacable, un arma mortal que le ha llevado a estar donde ahora se encuentra en la Liga; y no es otro que el balón cuando se encuentra en las alturas. Este mal no es nuevo, es algo que el conjunto rojiblanco sufre desde hace tiempo, pero que esta temporada, ante el desacierto goleador, le ha pasado una factura que le tiene en números rojos, y, lo que es peor, que no sabe cómo pagar. Es, además, el ataque constante de sus rivales, que conocen sus deficiencias y le hacen daño continuamente. Y es que cada vez que el balón vuela hacia el área de Asenjo, todos los atléticos caen en el pánico, en la certeza de que a punto está su equipo de encajar un gol. Dijo Quique Flores en una entrevista en la Cadena Ser que había una especie de negativismo en todo este asunto. La cosa, seguro, va más allá. Los defensas no saben defender los balones aéreos y esto es una realidad, no un delirio pesimista.
Así empezó la Liga el Atlético, que visitó La Rosaleda en la primera jornada y salió de Málaga con tres goles en contra, los tres por el estilo. El primero (m. 34), tras un centro desde la derecha de Xavi Torres que Duda recoge en la banda contraria y mete al área para que Baha marque de ‘chilena’. El segundo (m. 61), Duda saca una falta, Luque remata y el rechace de Asenjo lo aprovecha Manu para marcar. Y el tercero, otra vez Duda centra, esta vez de córner, y Xavi Torres remata solo en el segundo palo. No hubo más historia, el Atlético comenzó a forjar este largo camino. En la segunda jornada, el Atlético no supo vencer a un Racing con diez futbolistas, y dejó que el equipo santanderino le empatase, cómo no, tras un balón colgado al área: Geijo controla, se da la vuelta y el balón acaba en los pies de Serrano, que hizo el empate llegando desde atrás (m. 45+).




