El River Plate vive una situación nueva en sus 110 años de éxitos, mitos y fracasos. Ninguno tan grave como el fracaso que está a punto de consumar. El domingo se decidirá el choque contra el Belgrano, de Nacional B. Un duelo que los Millonarios tienen bastante cuesta arriba tras perder una ida muy agitada. Patadas, agarrones y algún piscinazo dibujan lo que ha sido esta primera final de emociones y nervios. El técnico de River contemplaba el cuadro con los ojos llorosos por el 1-0 de César Mansanelli. Con el 2-0 de Pereyra, llegó la imagen, lamentable, que ilustra el particular infierno de Juan José López y sus futbolistas. Tres iluminados gallinas saltaban al campo, luego se sumó alguno más, cartel publicitario en mano, para increpar a sus futbolistas. El incidente paró el partido durante 20 minutos. 8 agujeros en el alambrado hacían de la exaltación general una situación incontrolable para la Polícia. Afortunadamente, el partido pudo terminarse. Pero si esto sucedió en el campo contrario, uno se pregunta qué puede pasar en el Monumental. En casa, ante la indignación de una hinchada que será mayoría.


Buscando una cosa en loquo, me encontré con una oferta de trabajo en la que se indicaba si querías asistir como público al decorado que había montado Cuatro de cara a la Eurocopa. Perdí el enlace, pero me dejó muy mosca porque pensé que mi vista me había jugado una mala pasada. Entendía que una reunión para ver un partido de fútbol de tu selección se debía hacer como un acto natural de amor a unos colores. Una forma diferente de vivir la tensión de un partido de fútbol con una multitud de gente. El aficionado en el Mundial de Alemania se acercaba a Colón para compartir vivencias con más gente, para celebrar un triunfo, por ilusión, no por trabajo, o para cobrar una paga.


