
Como en cualquier deporte donde los jugadores llevan un número, en el fútbol los números en las camisetas de los futbolistas empezaron como un mero recurso útil para distinguir a los jugadores, tanto para los árbitros como para los aficionados, pero ha acabado derivando en mucho más que eso. De indicar un simple número de orden pasaron a indicar una posición en el campo y han acabado por convertirse en algo simbólico, sobre todo gracias a dos fases: una en la que el número pasó a designar la posición; la otra desde que se popularizó la práctica de otorgar un único número a cada jugador de la plantilla para toda la temporada.
Según explica David Keyes en Culture of soccer, fue en 1928 cuando se llevó a la práctica por primera vez poner número a los jugadores. Fue concretamente en dos partidos jugados el 25 de Agosto de aquel año en Inglaterra; uno enfrentó al Arsenal y al The Wednesday – posteriormente rebautizado como Sheffield Wednesday; el los disputaron el Chelsea y el Swansea Town. Fue el comienzo de una práctica que derivaría en todo un legado histórico lleno de simbolismo y curiosidades diversas.
Hoy en día todavía nos referimos a las posiciones de los jugadores como el número que solía definirlos (éste juega de cinco, se escapa por el carril del siete, juega de nueve, etc.) Esta asociación remite en parte a la clásica formación 2-3-5, donde los números siguen el orden de atrás hacia adelante y de derecha a izquierda. Así, que el 1 fuera el portero, 2 el lateral derecho, 3 el izquierdo…se impuso en todas partes. Por otra parte, remite también a la formación usada por el Ajax, al imponer su sistema 3-4-3, usó una numerología diversa en la que por ejemplo el 3 era el líbero y el 5 el lateral izquierdo. Y la novedad más trascendente: el 10 lo tomaba el media punta, el “falso delantero”.

Ella nació en las luminosas calles de París un junio de 1960, él un 22 de Octubre de 1927 en el frío Moscú. Ella creció entre mimos y expectativas, él en una familia de obreros obligado a trabajar en una fábrica de herramientas desde pequeño. Ella ha llegado hasta nuestros días agrandando su prestigio, él murió hace años dejando su nombre escrito en la leyenda. Ella ha sido amada por muchos y aún más suspiran por sus favores, para él ella representó el mayor idilio de su vida. La Eurocopa y Lev Yashin. El segundo torneo a nivel de selecciones más prestigioso del mundo y el mejor portero de todos los tiempos. Un romance de tan sólo cuatro días que ha llegado agigantado hasta nuestros días.
Al otro lado de los Pirineos existe desde hace algunos años el debate sobre quien merece el cetro del fútbol francés. Unos se decantan por la parsimonia letal de Platini otros por la elegancia hipnótica de Zidane. Como siempre al calibrar genios de épocas distintas, el debate queda inconcluso, quien es mejor ¿Rembrand o Botticelli?, ¿Truffaut o Woody Allen ?, ¿Federer o Connors?. Sin embargo admitiendo la esterilidad del debate muchos se olvidan que en la cúspide del fútbol francés había ya un sitio reservado por derecho para uno de los más grandes jugadores que dio el fútbol europeo de la segunda mitad del siglo XX. Raymond Kopa contemplará con sonrisa indulgente la polémica generada entre sus sucesores como quien media en una pelea de críos.
El 15 de Julio de 1966, durante el mundial de Inglaterra, el mítico Goodison Park se encontraba lleno hasta rebosar, en el ambiente se palpaba la excitación. Los asistentes se encontraban ante la oportunidad de ver al Brasil de Tostao, Djalma, Garrincha y un jovencísimo genio que había convulsionado las islas en el primer partido, Pelé. La exhibición esperada no sólo no se repitió, al contrario, Brasil fue borrada del campo y derrotada por 3-1. Un hombre se encargaría de acaparar todo el protagonismo destinado a “O Rey”, más brasileño que los propios integrantes de la canarinha, Florian Albert salía ovacionado del estadio. Era el delantero centro de una Hungría que pasará a la historia. 

