Siguiendo con la entrada sobre Belanov y la serie de post dedicada a los balones de oro, que pese a ser grandes jugadores han llegado hasta nuestros días con su recuerdo cubierto de musgo, hablaremos esta semana de Allan Simonsen. Un diminuto y genial danés que creció y asombró a Europa junto a un equipo que alcanzaría momentos sublimes, el Borussia Mönchengladbach. En el recuerdo quedará como el primer exponente de un pequeño país que ha regalado al fútbol nombres como los hermanos Laudrup, Smeichel u Olsen. Sin duda, un gran jugador.
Su nombre y procedencia evocan irremediablemente a uno de esos tanques que pueblan el ataque de los equipos nórdicos, capaces de aguantar el balón de espaldas, frente a un toro, y rematar un yunque. Nada más lejos de la realidad, Simonsen apenas levantaba 1,65 metros del suelo, piernas cortas e ingenio descomunal, esos eran los factores distintivos de este pequeño y escurridizo extremo .



