
El Clausura está que arde, por arriba y por abajo. Seguramente todo no quepa en un post, pero lo intentaré. Preocupante es lo que ocurre en Racing. La Academia está en promoción, la B acecha y sus hinchas ya no pueden más. Están hastiados de una situación que los exaspera. No comprenden cómo de 16 partidos su equipo sólo ha ganado uno, no toleran que se escapen las victorias domingo sí y domingo también en los últimos minutos. El Cilindro no puede con una situación que le supera. Las críticas se han subido de tono. Antes del choque de este fin de semana ante Gimnasia de La Plata, una treintena de barras bravas de la Guardia Imperial irrumpió en un entrenamiento y amenazó seriamente a los futbolistas, que se retiraron a los vestuarios. La situación fue realmente crítica y ha provocado que el propio ministro de Justicia, Ricardo Casal, valiéndose del gobernador Daniel Scioli haya decidido quitar al actual interventor de Racing y devolver a Héctor García Cuerva, que ocupó ese cargo hasta 2003 y que lo primero que ha hecho al asumir su cargo ha sido insinuar el final inmediato del gerenciamiento de Blanquiceleste, el verdadero cáncer que está a punto de hundir a uno de los cinco grandes del fútbol argentino. La reunión de García Cuerva con De Tomasso es inminente y en cierta medida esperanzadora.
Para colmo, lo que ocurrió ante Gimnasia ni hizo más que agravar la situación. Racing ganaba 1-0 gracias a un gol en contra del Lobo platense y vio como a poco del final le empataban. Los hinchas estallaron, porque Colón y Central quedan a cinco puntos y lo que se viene en la siguiente fecha es Independiente. Si el Rojo gana es bastante probable que la Academia quede condenada a la promoción. Por eso, para evitar una catástrofe, la AFA va a trasladar este partido del Cilindro, campo de Racing que usa su eterno rival mientras se reforma su estadio, al campo de Vélez. La cuerda está tensísima y se puede romper en cualquier momento. Por lo pronto, Juan Manuel Llop, técnico académico, ha decidido que el equipo entrene a puerta cerrada en un sitio desconocido para los hinchas, con el fin de evitar el acoso de unos aficionados que han estallado. Mientras todo esto ocurre, Julio Grondona, presidente de la AFA, y otros responsables de la bomba que sacude a la Acadé intentan contener la ira de una afición, posiblemente la más característica del país, que viene soportando desde hace unos años lo insoportable. Blanquiceleste está sometiendo a Racing a un proceso de vulgarización inaceptable sin que la AFA y las autoridades hayan hecho nada para remediarlo.