
Hablaba un día, no hace mucho, con un experto de fútbol internacional cuyo nombre no viene al caso soltar, de lo mucho que me gustaba el argentino Maxi Morález. Me refiero a una de las nuevas sensaciones del fútbol albiceleste, un chiquito y descarado mediapunta, con una velocidad endiablada y mucho gol, tanto de tiro lejano como desde dentro del área. Descarado y chiquito. Sí, chiquito. No mide más de 1,60. Un gran hándicap para que triunfe en el mundo del fútbol. Al menos eso es lo que me decía el entendido en cuestión: “No llegará más lejos que México”. Pero… ¿Tanto importa el tamaño?
Puede que lleve razón el experto consultado. No obstante, me aferro a Maxi y sigo pensando que el enano Morález puede hacer muchas más cosas que jugar en México, la liga con mejores nóminas en América. De momento es la esperanza de Racing Avellaneda, tras la marcha de Bergessio. Es un jugador desequilibrante, un jugador pillo, rápido, inteligente, con buen disparo. Y ahora, en el Mundial sub 20, la está rompiendo de lo lindo, haciendo auténticos partidazos, marcando goles, ya lleva cuatro, y siendo tan decisivo o más como el Kun Agüero.


Hace unos meses colgábamos un post sobre
El Clausura empieza a tomar forma conforme avanzan las jornadas. En esta fecha San Lorenzo volvió a dejar claro que va a estar ahí hasta el final. Suma ya su sexto triunfo consecutivo, esta vez después de ganar en el clásico de la jornada a Independiente en un apasionante choque. 4-3 fue el resultado final para los azulgranas, quienes tuvieron que sudar mucho para superar a los de Avellaneda. Pero eso es lo que tiene este San Lorenzo de Ramón Díaz, quien a todas luces está forjando un equipo campeón. Si juega bien, si trabaja y curra, al final el Cuervo se acaba llevando el gato al agua.
Poco se puede esperar de un deporte en el que al final todo depende de que la pelota acabe entrando en la portería. Sí, el fútbol muchas veces no hace justicia. Sólo entiende de resultados y las gestas y hazañas se olvidan en menos que canta un gallo en caso de que no lleguen las victorias. Reinaldo Carlos Merlo está sufriendo en sus carnes las inclemencias de este deporte. Racing Club de Avellaneda padeció una enorme sequía de títulos en su época. Durante más de treinta años no supo lo que era salir campeón. Para colmo en 1999 estuvo a punto de desaparecer. En ese contexto llegó el susodicho Merlo a los banquillos y fabricó un equipo campeón que se alzó con el Apertura de 2001. Merlo fue visto por todos como un héroe y, a pesar de ser un histórico jugador de River, jamás nadie cuestionó su tremendo caché racinguista.
El escenario de la finalísima fue el Viejo Gasómetro, el que fuera mítico campo de San Lorenzo. Durante esos días se escucharon y dijeron muchas cosas ajenas al balón. La pura realidad es que Evita, ardua defensora de la clase trabajadora, no tardó en alinearse con Banfield, la escuadra menor. Era una forma más de ganarse a ese pueblo que cada día le apreciaba más. Sin embargo, el paso de los años ha dado a Perón como racinguista y a pesar de que algunos historiadores como Felipe Pigna juran y perjuran que el presidente era de Boca, la mayoría de los entendidos de la época coinciden en que el líder justicialista sólo alardeaba de Boca por simpatizar con las clases populares. Ya se sabe que a los presidentes no les gusta perder y, en cualquier caso, lo indudable es que su ministro de Economía era un incondicional albiceleste dispuesto a hacer lo que fuera por ganar esa final. El duelo en las altas esferas políticas estaba servido.
Empezamos una sección dedicada a la liga argentina, en la que Juan Baeza nos contará, desde su particular punto de vista, cada jornada del Torneo Clausura. Lo que pase alrededor del fútbol, en ese país tan “grande” como es Argentina. Esperamos que os guste.
A la hora de hablar de cuál es la mejor liga del mundo no se suele tener en cuenta la seriedad reinante en los organizadores de las competiciones. En mi opinión, el ejemplo a seguir es el de Inglaterra. En la Premier antes de que eche a rodar el balón de forma oficial, ya están fijando los días en los que se van a jugar todos los partidos del año.
Hacía once años que Avellaneda no disfrutaba de Claudio López. El hijo pródigo regresa al club que le permitió dar el salto a Europa para convertirse en uno de los más destacados futbolistas argentinos que han dejado huella en el Viejo Continente, tras más de una década alejado de los colores que siempre ha portado en su corazón albiceleste.

