
Racing pereció en el Cementerio de los Elefantes en una batalla cruel. Colón de la mano del Turco Mohamed permanece en Primera y la Academia alarga su eterna etiqueta de equipo sufridor y afligido, grande por su historia pero no por su presente, gigante por sus hinchas pero no por los que le dirigen… Parecía que Racing iba a eludir la promoción pero el fantasma del descenso del 83 sigue causando pesadillas en esa Avellaneda blanquiceleste que domingo tras domingo ha ido viendo como el negro destino le ha ido cercando. Y ahora se lo juega todo a dos partidos con Belgrano, al borde del precipicio, con unos jugadores, muchos de ellos, que derramaron lágrimas de impotencia y frustración en los vestuarios tras caer en el descuento por la mínima ante Colón en lo que era el choque decisivo. Por eso pensar en lo peor para Racing es inevitable.
Acabó un Clausura que nos deja a River campeón, con Buonanotte consolidado y una relación cada vez más tirante entre Ortega y Simeone. En este Clausura también se acabó confirmando Cvitanich cara a gol, que ya vuela rumbo al Ajax, y se despidió con victoria el cántabro Ramón Cabrero, que cerró un exitoso ciclo con Lanús, el equipo de su vida… Palermo continuó demostrando que su relación con las mallas no tiene fin y Palacio dice adiós al fútbol argentino y a sus 26 años dará el salto a Europa de forma inevitable… Pero sobre todo este torneo será recordado por ser el que condenó a Racing a la peor de las situaciones posibles, jugarse su existencia en su lugar natural a un doble o nada que le puede dejar tocado para muchísimo tiempo, dada la crisis que padece en sus estructuras.






