
Arrancó la semana pasada el fútbol en Argentina, después del retraso producido por las deudas de los clubes y el cambio de operador televisivo en la retransmisión de partidos, interviniendo el gobierno, en connivencia con la AFA, para limpiar las sucias cuentas de los clubes y dar un golpe de muerte al Grupo Clarín, que se queda sin fútbol, por la oposición que ha hecho a los Kirchner. Después de un invierno austral en el que las turbulencias llegaron al mercado estas últimas semanas, queda la sensación que el nivel competitivo es bastante menor que el del pasado Clausura, con las marchas de futbolistas de la talla de Bergessio, Pastore, Defederico, Zuculini, Palacio, Pepe Sand, Andújar, Forlín, Falcao o el Rolfi Montenegro al extranjero, quedando un poquito más devalorizada una liga que pierde peso de forma alarmante.
Poco han cambiado las cosas en Argentina. Los tres equipos más fuertes, curiosamente los más saneados económicamente, continúan siendo Estudiantes, Vélez, actual campeón, y Lanús. El Pincha, que este fin de semana juega el gran clásico de La Plata, mantiene el bloque. Perdió a Andujar bajo palos y a la Gata Fernández, pero siguen Verón, Boselli, Desabato o Angeleri entre otros… Vélez tiene un equipazo, apenas ha perdido a Lavirrey, pero ha traído a un clásico como Rolando Zárate. Mantiene a su goleador en el Clausura, Hernán López, y a hombres fundamentales en la consecución del título como Nicolás Otamendi, Emiliano Papa, Maxi Morález, Franco Razzoti y veteranos tales como Cubero, Zápata o Sebastián Domínguez. Sin duda, estamos ante un favorito claro. Y luego está Lanús, que siempre está desde que el español Ramón Cabrero iniciara un fabuloso proyecto deportivo basado en la cantera y las ventas a su debido tiempo, que ahora dirige con éxito Luis Zubeldía. El Granate vendió al mejor goleador del fútbol local de los últimos años, el eficaz Pepe Sand, pero ha traído a Salcedo, que en la primera fecha hizo un doblete. El paraguayo, que no triunfó hace unos años en River, parece que puede acoplarse muy bien al equipazo del Sur, que tiene entre sus filas a Fritzler, de lo mejorcito en el centro del campo en Argentina, el espectacular Eduardo Salvio (en la foto), convocado, pese a sus 19 años, por Maradona para jugar ante Brasil, Sebastián Blanco, y otros tantos jóvenes nacidos de la fábrica grana, además de contar con la vuelta de un símbolo de la casa, como Pelletieri. En definitiva, podemos decir sin temor a duda que estamos ante tres equipos con serias papeletas para competir por todo, porque apenas han variado sus plantillas y siguen jugando a lo mismo, tienen una filosofía de juego clara de la que carecen los demás.









Al final toda la batalla, cómo no podía ser de otro modo, se libraría en el campo. Eso sí, en las gradas y en el resto del país corría el rumor de que la final estaba arreglada para que ganara Banfield. En cambio, en el vestuario racinguista la consigna era clara, a pesar de las gustosas primas. “Ni locos, nosotros vamos al frente”, comenta un jugador de la época que no desea revelar su identidad. Había amor a la camiseta y, se intuye, temor a ese ministro que tanto les había ayudado y a ese presidente que, no lo olviden, era el mandamás del país.

