
El 8 de junio de hace un año, el Real Madrid anunciaba a bombo y platillo la llegada de Ricardo Izecson dos Santos Leite, Kakà, convirtiéndose en el primer fichaje de Florentino Pérez, que acababa de regresar a la presidencia blanca y consigo la promesa de un elenco de estrellas que revitalizaran el dudoso ciclo de su antecesor, Ramón Calderón, al frente de la entidad capitalina. Florentino no se anduvo con chiquitas y pagó los 65 millones de euros que el AC Milan reclamaba para el traspaso de uno de sus jugadores más importantes. El enamoramiento blanco por Kakà no era nuevo, si bien Calderón ya lo prometió cuando era candidato y finalmente se dio de bruces ante la negativa de los rossoneros.
Recuerdo unas declaraciones de hace unos años, concretamente en 2006, en las que Adriano Galliani, administrador delegado del club italiano por entonces y cabeza visible en todas y cada una de las decisiones del Milan, aseguraba: “En mi lápida pondrá el hombre que mantuvo a Kakà en el Milan”. Su frase, más que nunca lapidaria, la soportó hasta el pasado verano, cuando los euros del nuevo Real Madrid de Florentino y la necesidad de hacer caja de un Milan en una reconstrucción que campaña tras campaña no acaba de llegar, y aceptó que Kakà defendiera la elástica madridista. La 2008-2009 no fue tampoco el curso del futbolista brasileño, si bien se la pasó o bien entre algodones o bien recuperándose de las lesiones.



El recién ex presidente del Real Madrid, Ramón Calderón, tiene en mente presentarse a las elecciones a la presidencia del club de Chamartín. ¿Por qué? ¿Qué ser humano es tan tonto de querer tropezar dos veces con la misma piedra? Si en su mandato ya comenzó con mal pie por culpa del proceso electoral, no contento con ello ahora quiere empañar las recientes elecciones por el simple hecho de estorbar en el llano camino de Florentino Pérez en su regreso a la cúpula del Real Madrid.
Lo peor que le puede pasar a un mentiroso es creerse sus mentiras, o lo que implica dar una 



