
Seguramente Juande Ramos jamás imaginó que en esta campaña volvería al Ramón Sánchez Pizjuán, a la que fue su casa, al hogar donde se hizo grande, que abandonó por el fulgor de las libras esterlinas, algo nada reprochable como profesional que es, haciéndolo, y eso es lo que no olvida mucha gente en Nervión, de forma furtiva con la temporada arrancada, pese haber prometido semanas antes que no tenía nada con el Tottenham y que estaba dispuesto a cumplir su contrato en el Sevilla. Pero el fútbol es así, su aventura en Inglaterra no duró ni un año, le enseñaron la puerta tras una nefasto arranque de campaña, dicen que lo tuvo hecho con el Atlético para la próxima campaña pero que rompió con los colchoneros cuando el Madrid llamó a su puerta. Hoy, tanto tiempo después, regresa a Sevilla.
Hay una clara división de opiniones en el seno del sevillismo. Existe un sector de la afición que piensa que pese al gran desplante del manchego, un entrenador que ganó cinco títulos con el Sevilla no merece un insulto en Nervión. Sin embargo, hay otra parte del sevillismo, seguramente mayor, que considera imperdonable la espantá del entrenador, una parte de la afición que ansiaba este partido desde el mismo momento en que Juande firmó con el Madrid.



