
Hace unos meses escribí un artículo sobre la mala educación en los campos de fútbol, atendiendo tanto al mal comportamiento de algunos aficionados como a la permisividad de los clubes y la silenciosa complicidad del resto de ocupantes del graderío. Esta vez quiero hablar de algunas malas costumbres que se han instaurado en nuestro fútbol (sin entrar en estériles comparaciones con otros países) y que no son responsabilidad de los seguidores, sino de las instituciones, los clubes, los entrenadores o los propios futbolistas.
Los recogepelotas abducidos
No tengo claro cuándo comenzó a expandirse esta deshonrosa práctica pero desde luego que hace diez años no se veía tan a menudo: cuando el equipo local va ganando y el cronómetro se va acercando al final, los recogepelotas desaparecen. Esos chavales que hace un rato se esforzaban en entregar un balón nuevo mientras otro compañero recoge el que se perdió se desvanecen hacia algún escondite. Nadie sabe muy bien adónde van, simplemente estaban pero ya no están, como si hubieran sido abducidos. Y a los jugadores visitantes, que van perdiendo, no les queda otra que esquivar fotógrafos, vallas y micrófonos para encargarse ellos mismos de recoger la pelota. Una auténtica vergüenza.



