
La Eurocopa 2004 es la historia de un monstruo escondido en el armario. Un monstruo despreciado y ninguneado por todos, que ante la indignación y el espanto de los invitados a una fiesta, escapó del armario, se sentó a la mesa y glotón se comió trozo a trozo el pastel reservado a los elegidos.
Grecia acudió a Portugal, con el único objetivo de ganar su primer partido en una Eurocopa. Encuadrada en el grupo de la anfitriona Portugal, España y Rusia, su papel parecía reservado al de un mero comparsa en la competición. Su victoria en el partido inaugural frente a Portugal hizo saltar las larmas, pero sus credenciales eran paupérrimas. Un puñado de jugadores de los eternos Olympiakos y Panathinaikos, un delantero normalito del Werder Bremen como Charisteas, un divo como Tsartas en clara decadencia y Dellas, suplente de la Roma comandadando la zaga. Todos ellos dirigidos por Otto Rehhagel un veterano técnico alemán de vuelta de todo.



