
Finalmente no fueron cinco, ni cuatro, ni tan siquiera tres. Tras 90 minutos de puro nervio en el Camp Nou, el Barcelona tuvo que ‘conformarse’ con un 2-0 (resultado que pronosticó mi compañero Antonio en nuestra porra y nuestro lector ‘Javii’ en los comentarios de la misma) que despeja un poco más el camino a un equipo catalán que ya se enfila hacia el campeonato liguero cuando sólo se llevan disputadas 15 jornadas. El Real Madrid puso la actitud y la resistencia, dispuso de hasta dos ocasiones evidentes para adelantarse y aunque la lógica al final se impusiese, se marchó del coliseo blaugrana con la cabeza bien alta, pese a que el eterno rival ya está doce puntos por encima en la clasificación.
En un clásico marcado por la desenfrenada euforia local, que percibía una goleada de escándalo en vísperas al duelo, se pudo comprobar que muchas veces las palabras no son más que hojas secas que el viento se lleva cuando da comienzo el espectáculo. Éste, que debía poner el Barcelona prácticamente con los ojos vendados, fue sepultado por un Real Madrid que con Juande Ramos debutando en su banquillo en campeonato doméstico, rompió los esquemas preestablecidos, los que dictaban que el demoledor juego barcelonista derribaría la accidental defensa merengue. Nada de lo esperado pasó en la primera mitad: ni el burdo y estancado show al que nos invitó el Barça, ni la clarísima ocasión que tuvo Drenthe para desnivelar un marcador que tras los primeros cuarenta y cinco minutos se mantuvo estático.




