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Rinat Dassaev

Mis momentos de la Eurocopa: El aguijón de Van Basten

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Van Basten
El escorpión es un elemento simbólico muy común en la mayor parte de las creencias de las civilizaciones antiguas. Dos aspectos esenciales justifican la intensidad de esta presencia con carácter dual. En primer lugar, simboliza la muerte, guerra y destrucción asociada a la peligrosidad como consecuencia de la toxicidad de su veneno. En segundo lugar, creación, fertilidad y sexo. Pueblos como Grecia, Mesopotamia o Egipto han llevaban aguijones de escorpiones colgados en el pecho como amuleto o símbolo de poder. El 31 de Octubre de 1964 nacía en Utrech un chico que poseería el aguijón más venenoso que ha visto el fútbol europeo en los últimos veinticinco años. En el campo humilde y embarrado del Elinquiik comenzarían a escribirse las hazañas del pequeño Marco Van Basten.

Para muchos el holandés ha sido y será el máximo exponente del delantero total, técnico, rápido y con instinto, sería en el remate donde alcanzaría la categoría de excelso. Desde todas las posiciones y situaciones imaginables. Seco como un latigazo, crak, la picadura de Marco siempre fue sencilla y letal aún antes de comenzar a sentir el veneno. Van Basten eligió para reglarnos el más hermoso de ellos en la final de una Eurocopa. El 25 de Junio de 1988 en el Olímpico de Munich, Holanda conseguía el que hasta ahora es su hito más importante . El estilo y la fantasía heredada geneticamente generación tras generación de tulipanes alcanzaba al fin su premio a nivel de selecciones.

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