
Lo que muchos temían acabó ocurriendo. La díscola actitud de Ortega teminó estallando, el alcohol sigue siendo compañero infatigable de viejo ídolo millonario y Simeone dijo basta, ante las faltas a los entrenos del que en su día fuera su compañero de selección. El jujeño ha salido por la puerta de atrás de la que siempre fue su casa, rumbo a la B, al Independiente Rivadavia, que se ha volcado con el menudo futbolista, hasta el punto de pagarle un millón de dólares por una campaña. Simeone se quito esa chinita del zapato que tanto le molestaba y ha comenzado el año encadenando un empate y una victoria, a la espera de su gran estrella, Diego Buonanotte, que cuando se estrenó con el gol en las Olimpiadas no tuvo reparos en dedicárselo al Burrito, que, asimismo, marcó este fin de semana y cuajó un encuentro más que aceptable en Mendoza, a pesar de que su nuevo equipo empatara a tres.
El papel de Simeone no es fácil. La gente en River es consciente de que la situación con Ariel era insostenible. El jugador no puso de su parte, aunque a nadie se le escapa que el distanciamiento entre estrella y técnico era meteórico y que, por ende, el entrenador tampoco contribuyó todo lo deseable para limar asperezas. La realidad es que River se salvó de la derrota por los pelos ante Colón la semana pasada y que en la segunda fecha no encontró el camino de la victoria hasta ocho minutos del final, gracias a un cabezazo salvador de Tuzzio. Y lo cierto es que el nombre de Ortega resonó con timidez en las gradas de un Monumental que a poco que las cosas no vayan bien se acordará de su figura. A Simeone ahora sólo le valen las victorias para contar con el crédito de los hinchas millonarios. No obstante, lo bueno de este River es que continuamente rastrea el triunfo, con una constancia envidiable que le hace ser un equipo capaz de llevarse los tres puntos hasta el último segundo.

El Villarreal demuestra con el paso del tiempo que su permanencia en la elite no es casual. El sueño de Fernando Roig es una bonita realidad que amenaza con dar guerra a los tradicionales grandes clubes españoles. Y la amenaza no es pasajera. La forma de trabajo del conjunto castellonense denota claramente que cada movimiento está estudiado al milímetro: no hay lugar a equívocos y detrás de cada decisión se esconde el cristalino objetivo de permanecer en la cima durante muchísimo tiempo.








