A estas alturas, los aficionados del Atlético de Madrid no se dejan engañar fácilmente. Son ilusos, soñadores, pero no crédulos. Por eso, cuando desde el club mencionan la palabra cantera, en la grada se echan a temblar. La experiencia de los últimos años ha demostrado a los colchoneros que los jugadores de la casa no suelen tener sitio en el primer equipo. Exceptuemos. Fernando Torres ha sido el último gran exponente de la cantera atlética pero tuvo que emigrar en busca de mejor vida. Antonio López sigue actualmente en el club y, como capitán, levantó los dos recientes títulos europeos; sin embargo, tuvo que promocionarse antes en Osasuna. Y David de Gea, con sólo 20 años, se ha convertido ya en una realidad; aunque ahora suenan rumores de venta y los aficionados tienen, más que un jugador con que ilusionarse, motivos para sufrir con su posible marcha.
Apareció también Álvaro Domínguez como un jugador promesa. Llegó a ser un fijo en el centro de la zaga el pasado curso, cuando el equipo ganó la Europa League, pero Quique Sánchez Flores no ha tenido confianza en él y, por lo tanto, su futuro en el club es incierto. El rendimiento de Domínguez ha bajado considerablemente, pues poco tiene que ver en la actualidad con el jugador sobrio que demostró ser en sus inicios. No obstante, su caso es un ejemplo claro de que en el conjunto rojiblanco las cosas son inestables y cambian radicalmente de un día para otro. Un entorno así no es el más adecuado para la proyección de los jóvenes talentos, que si algo necesitan es constancia, un concepto que en el club del Manzanares no han tenido en cuenta estos últimos años.





