
Era la fecha en la que Huracán celebraba cien años de vida con victoria incluida. Era la fecha en la que Rosario ardía para vivir un clásico más, la fecha en la que Schiavi ponía el Coloso del Parque patas arriba y a Newell´s cerquita del liderato… Pero sobre todo era la fecha en la que San Lorenzo y Boca chocaban en La Bombonera en un clásico definitorio para el xeneize, pues todo lo que no fuera ganar suponía complicarse un Apertura en el que hace poco estaba totalmente fuera. Y ganó Boca, ganó gracias a un tiro libre de Riquelme, que ha vuelto, sin duda. Ganó gracias al empaque de Battaglia, espectacular Battaglia, que de nuevo dio una exhibición de cortes y robos… Fue la fecha, en definitiva, en la que se demostró que un Superclásico da alas como ninguna otra cosa.
Es así, Boca estaba alejado del título antes de visitar Núñez, el conjunto de Ischia se había venido abajo en gran medida por la mala forma de Riquelme, tras la vuelta de éste de las Olimpiadas, la ausencia de Palermo y la intermitencia por lesiones de Palacio. Pero ganó en casa millonaria y la historia cambió con cuatro triunfos al hilo. Riquelme marcó de pillo ante San Lorenzo y lo celebró en memoria de Pedro Pompilio, mirando a la galería, seguramente buscando a la familia del mandatario xeneize, fallecido esta pasada semana por un súbito infarto. En la camiseta de Román había un mensaje claro: “Gracias por todo Pedro”. Un mensaje con sentido, porque Pedro puso todo el empeño del mundo en rescatarle de España y porque siempre le defendió cuando el crack no estuvo acertado.








