
De todos los presagios siniestros, el más grave, el más infalible es el optimismo” (Émile de Girardin, político y periodista francés del siglo XIX).
Tomamos ahora dos conocidas citas de Jorge Valdano: una dice que “el fútbol es un estado de ánimo”; la otra, que “miedo escénico es lo que siente un futbolista al saltar a un estadio como el Santiago Bernabéu”. Ambas guardan razón y, según los resultados vertidos por dos encuestas del diario Marca, relación directa y proporcional. Y es que el actual estado de ánimo de los seguidores culés es tan elevado que creen a su equipo superior al Real Madrid en cualquier escenario, incluso en el que es feudo de su eterno rival: un 55,6% de los votantes hinchas del Barcelona quiere que la final de la Copa del Rey se dispute en el Bernabéu.
La sensación es el órgano de lo absoluto” (Ludwig Feuerbach, filósofo alemán coetáneo de Girardin).
Este optimismo desmedido encuentra su fundamento en el momento histórico de juego y resultados que atraviesa el club catalán, qué duda cabe, pero también comprende símbolos recientes de una cierta entidad emocional. Sin ánimo de abrir viejas rencillas, el culé sabe que el Barça ha vencido en los cinco últimos clásicos (sin ir más lejos, esta misma temporada por un rotundo 5-0) pero, además, tiene presentes gestos emblemáticos que acaecieron en el estadio de Chamartín, como los aplausos a Ronaldinho en 2005, o el 2-6 de hace dos temporadas. Son datos y recuerdos que nutren de positivismo al halo azulgrana e influyen, irremediablemente, en la generación espontánea de sensaciones y deseos.


Cuando Calderón, con su incontinencia verbal y su estilo directivo rayando la versión más deseada por la gente que ve el “tomate”,

