
Entre las pequeñas historias que han contribuido a tejer el tapiz del fútbol europeo, mucha gente desconoce la epopeya del Saint Etienne. Situado en una pequeña ciudad de la cuenca minera del Loire, hoy es un equipo intrascendente en la liga francesa. Sin embargo, durante un periodo comprendido entre la década de los 60 y principios de los 80, sus aficionados tuvieron el privilegio de disfrutar de uno de los mejores equipos de la historia del fútbol francés. El primero capaz de ser competitivo en Europa, y con un concepto de juego alegre que bebía directamente del fútbol total del Ajax de principios de los 70.
El Saint Etienne comenzó a cimentar su gloria a mediados de los años sesenta. La posguerra había dejado un fútbol francés prácticamente destruido. Atrás, quedaban los años de dominio de un fugaz Stade de Reims. En aquellos años, aparecen dos personajes como claves en la historia del equipo: el presidente Roger Rocher, que con su gran longevidad en el cargo, cerca de veinte años, vivió por completo la época dorada del club; y Albert Batteux, entrenador responsable del gran Stade de Reims de finales de los cincuenta. Con él, el equipo consiguió cuatro títulos de liga consecutivos, gesta inédita hasta aquel momento en el fútbol francés. “Les verts” ejercían una férrea tiranía en Francia y comenzaban a calibrar sus fuerzas en Europa (por dos veces el Benfica de un imperial Eusebio les cerró el paso a las primeras de cambio).



