Las cosas han cambiado por Heliópolis. Hace tres jornadas, ocho puntos separaban al Betis del Cartagena, tercer clasificado; ahora son sólo tres, un partido. Y el Hércules, que era líder —esta semana ha dejado de serlo—, sacaba doce puntos a los verdiblancos, el doble que ahora. La llegada de Víctor Fernández ha generado cambios: primero, mejoraron las sensaciones; luego, cuando se hizo el gol, acompañaron los resultados. Y ahí andan los béticos, que han encadenado tres victorias consecutivas, acortando distancias, creyendo y haciendo creer, ganando y haciendo dudar.
La visita a Cartagena dos semanas atrás fue planteada como lo que era, como una final. Los ocho pudieron ser once, y sin embargo fueron cinco. Un punto de inflexión que lo llaman. Para ambos. Los albinegros ven peligrar ese puesto privilegiado que durante tanto tiempo llevan guardando, no sólo por la presión del Betis, sino también por la del Levante. Es peligroso esto de las dinámicas, y entre los que suben y bajan el Betis es un rival ciertamente considerable. Ahora es capaz de ejecutar su papel de favorito; puede hacerlo por plantilla y por ambición, está claro, pero, sobre todo, por esa mecánica que ahora le hace funcionar.



