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21 junio 2008
En plato frío, como las grandes venganzas

Conocí a un chaval de once años que un 9 de julio de 1994 lloró frustrado, incapaz de comprender cómo jugando tan bien España se había quedado en cuartos, impotente al contemplar a Luis Enrique sangrar mientras el húngaro canalla Sandor Puhl no soplaba su silbato, dando impunidad a Tassoti y su repudiable codo. Ese chaval quería haber estado en Boston, quería haber sido Abelardo para hacer lo imposible y llegar al remate cruzado de Roberto Baggio, o Julio Salinas para ajusticiar con toda su furia a Pagliuca o cualquier otro jugador español que pudiera haber cambiado el primer trago amargo que le brindó el deporte que venera.
Aquel partido le dejó marcado para siempre porque con el tiempo le sirvió para entender que España por h o por b en el momento decisivo se acaba difuminando, algunas veces, como aquella, de forma extremadamente cruel, otras de manera incluso ridícula. Ahora aquel crío es mayor y ya no se ilusiona con la selección, sabedor de que es una fábrica de humos y sueños sin consistencia. Sin embargo, la vida le ha brindado una bella oportunidad paras saldar una cuenta con el pasado. El cruce con Italia en cuartos es una chinita en el zapato que anhela quitarse y por eso, contra su pesimismo habitual, cree en la venganza, porque las grandes venganzas siempre se sirven en plato frío y ya han pasado 14 años de todo aquello.
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17 junio 2008
Italia fiel a su leyenda, rival de España en cuartos

Contra Holanda recibió una dolorosa goleada, humillante incluso. A Donadoni le llovieron las críticas por todos los flancos. Ante Rumanía estuvo varias veces contra las cuerdas, hasta el punto de que Buffon tuvo que erigirse en héroe para robarle desde los once metros el gol soñado a Mutu, que podía haber dejado a los transalpinos fuera de juego. Pero Italia nunca dice jamás, la palabra imposible no existe para sus futbolistas y lo que parecía un sueño cuando la competición se les enrevesaba ante los de Víctor Piturca se acabó convirtiendo en una realidad tangible con la victoria de esta noche ante Francia, al más puro estilo azurro, ganado con un momento de lucidez de uno de sus cracks y una pizca de suerte.
Lo cierto es que esta noche los franceses no tuvieron nada de cara. Nada más comenzar se les lesiona su jugador más enchufado, Ribery. Poco más tarde aparece Luca Toni, que le estaba ganando cada vez que le daba la gana la partida a un inofensivo Abidal. El tanque italiano pinchó un pase largo de forma espectacular dentro del área y fue claramente derribado por detrás por Abidal. Penalti, expulsión y lanzamiento inapelable de Pirlo. Gracias a una genialidad de Toni la contienda quedaba totalmente desequilibrada. Con el 1-0 comenzó la exhibición del ariete del Bayern, que lo hacía todo bien salvo matar el cuero en el fondo de las mallas en las varias ocasiones que se le presentaban. Diez minutos tardaron los galos en recuperarse del golpe, pero entonces Francia sacó a relucir su coraje, la casta que sólo tienen los campeones. Benzemá se echó al equipo a sus espaldas y Henry contribuyó a la causa. Los de Doménech buscaron el empate con decisión sin suerte, ante los siempre bien organizados transalpinos con un De Rossi monumental.
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13 junio 2008
Buffon alarga la mística azurra

Lo tiene difícil hasta el punto de que no depende de sí misma. Pero pudo ser peor si con 1-1 en el marcador Buffon no le detiene una pena máxima a Mutu que podía haber sido decisiva. Italia y Rumanía empataron a uno en un vibrante encuentro, un choque en el que ambos aportaron lo suficiente para ganar pero del que salieron reforzados los azurros, porque durante varias etapas del partido lo tuvieron realmente mal. Los de Victor Piturca dieron fe por segundo envite consecutivo de que a esta Eurocopa no han venido a pasearse, controlaron el choque, lo llegaron a hacer suyo y sólo cuando bajaron los brazos fueron golpeados por Panucci. Italia por su parte luchó sin tino y mejoró mucho cuando Cassano saltó al campo y puso su ingenio al servicio de la escuadra. El 1-1 deja el Grupo C en el aire, con Rumanía dependiendo de sí misma ante una Holanda que ya está clasificada.
Italia y Francia deberán jugarse todo a cara de perro y cruzar los dedos para que Holanda gane a Mutu, Chivu y compañía, una enorme selección que bajo mi punto de vista tal y como se están dando las cosas es la que debería acompañar al conjunto de Van Basten a cuartos. Por momentos Italia estuvo fuera de la Eurocopa. Sus hinchas se temieron lo peor cuando Mutu se disponía a lanzar un penalti a poco del final que podía romper todas las ilusiones del campeón del mundo. Sin embargo, fue entonces cuando salió a relucir la mística de esta selección que tiene más vidas que el más astuto de los gatos. Buffon desvió el cuero con un manoplazo que prolongó con su pie derecho para gustazo de los miles de tifossis que se encomendaban a cuanto podían para seguir creyendo en el milagro.
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11 junio 2008
Machacados con su propia arma
Esta mañana ojeando El País me he dado de bruces con un interesantísimo artículo que Gianni Mura escribió para La Repubblica hace unos días y que el rotativo español reproducía hoy por su interés. La frase que he seleccionado creo que simboliza a las claras lo que es el sentir general del seguidor italiano. Los hinchas azurros tienen la amarga sensación de que a su equipo le han humillado utilizando una arma que siempre fue suya. Por eso la derrota ante Holanda duele tanto, más que por el fondo por la pérfida forma. Italia siempre fue Italia, un equipo bien armado atrás, infalible en su zaga y sobrado en lo táctico. Sin embargo, en el desastre de Berna por momentos los de Donadoni se entregaron al caos y la confusión, e incluso perdieron su clásica compostura yéndose al ataque sin orden ni concierto. Y Holanda golpeó con contras letales, basando su juego en la solidez de un doble pivote eficaz y unos mediapuntas desestabilizadores, lo que conllevó a un durísimo varapalo para los campeones del mundo.
Recuerdo que un amigo italiano con el que compartía largas charlas futboleras, me decía que el carácter ganador de los conjuntos de su país estribaba en que las escuadras italianas nunca se ponían nerviosas, se dedicaban a defender su meta, conscientes de que tarde o temprano tendrían una oportunidad para marcar. Y entonces no fallaban. Por eso Italia no fue Italia, porque traicionó su estilo y perdió esa paciencia que la hace única y que en incontables ocasiones le lleva a la victoria aprovechando un nimio córner o un infame despiste del rival.
El lunes quedó patente que en el fútbol la identidad lo es todo y que si la pierdes no eres nada. Holanda machacó a los italianos como los italianos tradicionalmente han machacado a sus contrarios. Eso es frustrante, muy frustrante, aunque lo cierto es que tradicionalmente Italia ha dado sus mejores versiones cuando se ha visto envuelto en la angustia máxima. Por eso, a pesar de que en su delicioso análisis Gianni Mura hable de fin de ciclo, con la actual campeona del mundo nunca podemos decir nunca.
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