
Alemania siempre está ahí. Con mayor o menor éxito, con más o menos brillo, pero siempre con el oficio, la eficacia, la profesionalidad y ese gen competitivo y ganador que lleva a la Mannschaft a ser siempre un rival a batir y por defecto favorita a cualquier competición en la que haga acto de presencia. Sólo basta hablar de la primera década de este siglo en la que no contó una de sus grandes generaciones, pero en la que llegó a la final del mundial de 2002, a la de la Eurocopa de 2008 y a las semifinales del mundial de 2006, para darse cuenta de que siempre es un temible rival.
Sin embargo, para Alemania vale sólo ganar y ahora cuenta con una nueva generación de talentos liderada por los Müller, Özil o Götze más el veterano Schweinsteiger que, además de contar con la clásica fiabilidad alemana, añaden una calidad técnica individual que permite al combinado de Löw practicar fútbol de alta escuela. Una selección que estará sin duda entre las favoritas al triunfo en la próxima Eurocopa, quizá la gran rival de España a la hora de defender el título. Es la última gran hornada del fútbol alemán, antes hubo estrellas como Ballack o Khan, pero la última gran generación del país germano había sido aquella que se proclamara campeona en Italia 90 y que brillara en esa misma década. Italia, que contaba entonces con la liga más fuerte del continente, tomó buena nota del nivel de aquellos futbolistas, que en su mayoría acabó desplegando su fútbol en el Calcio.








