
El pasado sábado, justo en el momento en el que Luis Fabiano, con su genial maestría, le picaba el cuero a Andujar para desangrar a Argentina, quedaron a la luz las vergüenzas futbolísticas de un país y las bonanzas de su más clásico rival. Fue el de Rosario, un choque entre dos realidades antagónicas. Por un lado tenemos a Brasil, que tiene una filosofía de equipo definida, con un entrenador que dirige desde hace tres años y un sistema, defender y matar a la contra, perfectamente ajustado, además de efectivo. Por otro, Argentina, una banda de grandes jugadores, sin director de orquesta, sin patrones de juego ni nada que se le parezca, un eterno proyecto de selección, un cúmulo de experimentos sin rumbo ni volante que se precie. Pede al severo y espectacular palo, la derrota de Argentina no debería sorprender a nadie, si tenemos en cuenta el esplendoroso momento que vive la canarinha desde que ganó la Copa América en 2007 y el desconcierto que transmiten los de Maradona cada vez que pisan un campo de juego.
Argentina es todo lo contrario a Brasil. El gran culpable de esta situación es, obviamente, Julio Grondona, el mandamás del fútbol argentino, que ha mezclado lo personal con lo profesional, con tristes resultados deportivos. La selección se le dio a Basile, tras el Mundial de Alemania. Los resultados con el Coco no eran malos, pero no se le dejaba trabajar por cierto sector de la prensa, además del eterno ruido que provocaba Maradona, muy crítico con el otrora cacique del Racing campeón del mundo. Basile sí llegó a hacer un equipo que, más allá del tropiezo en Chile, sí sabía lo que se hacía. El Riquelme y diez más que pregonaba, sí funcionó e incluso Messi brilló en el conjunto nacional, que hizo una brillante Copa América, si exceptuamos la final. Sin embargo, tras la derrota en Santiago, el Coco decidió echarse un lado, visto el continuo debate que generaba su persona. Y entonces llegó el gran dilema. ¿A quién le damos el mando? La opción número uno era Bianchi, pero el Virrey no es del gusto de Grondona, no mantienen una relación cordial y las exigencias del técnico más ganador de Argentina no entraban en la cabeza del jefazo de la AFA. No era fácil la situación para Grondona, porque la opinión pública solicitaba a gritos a Bianchi para el conjunto nacional, de modo que todo lo que no fuera él actual manager de Boca, suponía una decisión impopular… Y entonces apareció la opción Maradona, el único nombre capaz de eclipsar a Bianchi, pese a que su trayectoria como técnico no otorgaba demasiada fiabilidad. Ninguna, diría. Pero él, osado, se ofreció y aceptó el reto…