
Es curioso el fútbol. Carlos Dunga ha estado varias veces con la soga al cuello pero en los momentos clave la selección brasileña siempre le ha respondido. Primero dio el bombazo ganando una Copa América que parecía perdida de ante mano por las malas sensaciones que trasladaba el equipo, después arrasó a domicilio a Chile acto seguido de que Argentina goleara a la Canarinha en Pekín y finalmente, ayer, pasó por encima de Venezuela, también a domicilio, e hizo olvidar el humillante empate cosechado en casa contra Bolivia.
Volvió Kaká. Ése es el gran titular. Regresaba el jugador del Milán a la selección tras casi un año de ausencia y una agria polémica con su entrenador. Kaká no quiso ir el pasado verano a la Copa América porque necesitaba vacaciones y tampoco quiso forzar para las Olimpiadas. Dunga no quedó muy contento con la implicación de su crack y decidió no llamarlo para los siguientes choques. Sin embargo, después del empate ante Bolivia, el seleccionador se jugaba mucho y no podía prescindir de su estrella. Y Kaká le devolvió el guiño, haciendo un golazo nada más arrancar el partido, un tanto que rebajó con agua el ímpetu del conjunto vinotinto… Los venezolanos pudieron disfrutar de la exhibición del diez, que sorprendió a todos al celebrar su gol, dándole un abrazo a Dunga, enterrando de forma simbólica el hacha de guerra y posicionándose junto a su cuestionado entrenador.







