
Amr Zaki es un nombre anónimo para muchos, un egipcio que llegó sin hacer ruido a la selva de la Premier y que de buenas a primeras ha sacado su lado más fiero para hacerse un sitio entre los más poderosos del que, dicen, es el mejor campeonato del mundo. En el Wigan ha encontrado un escalón intermedio para brincar hacia la cima. Por lo pronto, este ariete de 25 años suma siete goles en sólo ocho jornadas y se ha convertido en el jugador más sorprendente de este arranque de temporada en la isla donde comenzó todo.
Sin embargo, a nadie en África le sorprende la salvaje irrupción de este jugador en la Premier. Zaki es uno de los cinco nominados para obtener el balón de oro africano en 2008. Delantero fornido, veloz y con la bendición del gol, tiene un largo historial de éxitos en su continente, sobre todo con su selección. Comenzó a hacerse un nombre en el panorama internacional, cuando en una de las semifinales de la Copa de África celebrada en su país en 2006, sustituyó a Mido a diez del final con 1-1 ante Senegal, con el consecuente enfado del por aquel entonces jugador del Celta. Zaki, como si quisiera darle la razón a su entrenador, marcó el gol del pase a la final en el primer balón que tocó, condenando a Mido al ostracismo y consolidándose como un fijo de su conjunto nacional. Esa Copa de África la ganó y dos años después volvió a repetir éxito, marcando cuatro goles, dos de ellos en la semifinal ante Costa de Marfil.



