
Irregularidad, esa es la palabra que define la trayectoria de la selección turca durante los últimos años. Tras su sorprendente tercer puesto en el Mundial de Japón y Corea, fue incapaz de clasificarse para la Eurocopa de Portugal y decepcionó en el último Mundial de Alemania. La selección es un fiel reflejo de su fútbol de clubes, presidido por la indefinición, no termina de dar un paso adelante. Cada año fichajes millonarios y extranjeros deslumbrantes, pero cuando parece que puede dar un golpe encima de la mesa vuelve a un segundo plano en el panorama continental.
La Turquía de Suiza y Austria está inmersa en un proceso de renovación. Algunas de sus mayores glorias como Hakan Sükür, Bastürk o Hasan Sas estarán ausentes de la gran cita continental. En su lugar va surgiendo poco a poco una generación de jóvenes jugadores turcos más que interesantes. Fatith Terim vuelve a estar al frente de la selección, “El emperador ” como es apodado en su país representa toda una garantía de competitividad. Encuadrada en el grupo A junto a Portugal, Suiza y la República Checa deberá dar su mejor versión para clasificarse.



