Escuchando las palabras de Pep Guardiola en vísperas al encuentro ante el Shakhtar, uno no sabía a qué atenerse. Es obvio que un equipo como el ucraniano, que si bien de ucraniano tiene más bien poco gracias, entre otras cosas, a la colonia brasileña con la que cuenta y a un entrenador rumano que ha sabido implantar su estilo atrevido a la vez que rocoso, se ha clasificado para cuartos de final de la Champions League no ha sido por casualidad. Se quitó de en medio a una Roma a la que humilló cuanto quiso y más, y si bien es cierto que jugársela en Donetsk tampoco era lo más recomendable, el 5-1 final pone, como mínimo, en tela de juicio las palabras del entrenador de Santpedor, que dijo que no veía al equipo tan bien como en otras ocasiones y que, por primera vez, se veía más fuera que dentro en una eliminatoria.
Imagina, el arriba firmante, que esas palabras las debe decir de cara a la galería. O a la prensa, mejor dicho. Dudo que en el vestuario haya dado ese mensaje a sus futbolistas porque si hubiese sido así, un poco desanimados los dejaría. Pero visto lo visto en el Camp Nou, que disfrutó de la cuarta mejor entrada del ejercicio, está claro que los pupilos de Pep no escuchan las ruedas de prensa de su mentor. Porque a los dos minutos ya tenían encarrilado el pase a semifinales. ¡A los dos minutos! Después, aunque el marcador terminaría siendo de escándalo, con la novena manita de la temporada, no hay que negar que los ucranianos se esforzaron en meter miedo, tuvieron unas cuantas oportunidades de igualar el encuentro pero resolvió la calidad individual. Esto es, la puntería de los jugadores del Barça.





Puestos a no entender ventas de futbolistas, vamos a también no entender compras de futbolistas. Si se critica al Real Madrid por ponerle un lazo y 

