El Atlético no dió para más

Un gol de Schwarzenbeck en la final de la Copa de Europa de 1974 fue el motivo que marcó el fin de una era y el principio de otra en la historia del Atlético de Madrid. El jugador del Bayern de Múnich fustigó la meta de Manolo Reina desbancando de la gloria a Luis Aragonés, que había conseguido de golpe franco el tanto que daba parcialmente la victoria a los colchoneros en Bruselas. Aquel empate supuso más mazazo que el 4-0 que encajaron los madrileños en el partido de desempate. Aquel gol fue la cuna en la que se meció el apelativo que desde entonces siempre acompaña al Atlético: el pupas.
El término, acuñado por el presidente Vicente Calderón, ha hecho mucho daño en la historia del club de Manzanares. Desde entonces se utilizó como recurso para encontrar la explicación perfecta por el mal juego, la mala suerte, el desánimo… Anoche en el Camp Nou, estoy seguro que retumbó el dichoso calificativo en la mente de miles de aficionados rojiblancos. Fueron noventa minutos que resumieron muy bien la historia del Atlético de Madrid desde aquella final en Heysel. Del cielo al infierno, de la gloria al fracaso, de la esperanza al consuelo en un abrir y cerrar de ojos. El gol de Sinama Pongolle mantuvo la llama encendida, la lesión del Kun Agüero se llevó la ilusión por el desagüe.





