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Cuentan, y hablo de memoria, que Ramón Mendoza, a pesar de ser ya miembro de la junta directiva del Real Madrid con Santiago Bernabéu, entre sus conocidos les preguntaba con frecuencia qué era más importante para ellos, si ser alcalde de Madrid o presidente del Real Madrid. Por ese motivo, una vez que estuvo en el cargo, no fue capaz de entender cuándo debía abandonar el barco. Por eso acabaron sus días como presidente de la manera que terminaron, derrocado por dos de sus vicepresidentes, con Lorenzo Sanz a la cabeza. Mendoza nunca fue un gran gestor, la verdad es que era un comisionista que supo ganarse la vida en sus contactos con Rusia, y que supo estar preparado en el momento adecuado. Llegó, triunfó en su primer año como presidente, ganó cinco ligas y acabó saliendo por la puerta de atrás.
El circo es todo aquel espectáculo que se monta alrededor de este deporte, del balón y de los jugadores. Suele estar escenificado por los directivos de fútbol, y corresponde a las ansias de los mismos de tener poder y hacerse famosos. Joan Laporta siempre ha utilizado el FC Barcelona como escaparate publicitario para su carrera política, con la convicción de que nunca fracasaría como presidente. Cuando el personaje público pasa por encima de la persona, éste se endiosa de tal manera que no sabe ver los errores, ni entender que cuenta más una retirada a tiempo, que ir a pecho descubierto. Hoy, 8 de los miembros de su junta directiva, Albert Vicens, Ferran Soriano, Marc Ingla, Evarist Murtra, Toni Rovira, Xavier Cambra, Clàudia Vives Fierro y Josep Lluís Vilaseca (los tres primeros vicepresidentes), dimitieron como miembros de la junta directiva, y en decisiones individuales, tras comprobar que Joan Laporta era incapaz de comprender que su tiempo como presidente del FC Barcelona, tras los resultados de la moción de censura, había terminado.
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