El partido de ida de la Coppa Italia fue bueno, pero es que la vuelta disputada en Turín ha sido el argumento más sólido y la demostración más potente de que en Italia también se puede disfrutar del fútbol. Interistas y juventinos han cuajado un partido muy agradable, digno de dos equipazos e impropio de un torneo poco interesante para la mayoría, aún más cuando se ponen algunos partidos un miércoles a las tres de la tarde. Pero más allá de los problemas del torneo, el Juventus-Inter de Milán de cuartos de final de esta Coppa ha conseguido que merezca la pena el resto de partidos.
El encuentro se ha roto desde el primer cuarto de hora de juego. La eliminatoria podía caer a favor de cualquiera de los dos y cuando se anotaba un gol, nadie creía que el resultado fuese a acabar así. Sin un orden táctico medianamente diseñado, el balón iba de área a área de manera casi instantánea, fugaz, irremediable. Los fallos y despistes defensivos ayudaban a dar más protagonismo a las dos delanteras. Al final, el Inter estará en semifinales y la Juventus ha sido derrotada. Gran parte de culpa la han tenido dos canteranos interistas: Pelé y Balotelli.






