
El inglés Steve McLaren está muy lejos de ser un héroe en su país. Tiene el dudoso honor de ser el seleccionador inglés que menos tiempo permaneció en el cargo: poco menos de año y medio y 18 partidos disputados, con el saldo de la no clasificación de los pross para la Eurocopa del 2008. Mientras finalzaba el torneo continental, el técnico fichó como entrenador del Twente holandés, y fue objeto de burlas por parte de la prensa británica tras mostrar en una entrevista un inglés con marcado acento holandés, aunque sólo llevaba en el cargo unas cinco semanas. A partir de ese momento, Schteve es su nombre oficioso en las islas.
Por esta anécdota, por su llamativa dentadura y por el vistoso paraguas que solía lucir, McLaren tiene muy mala prensa en su país. Sin embargo en el equipo de Enschede (unos 155.000 habitantes) McLaren está haciendo un notable trabajo. La temporada pasada, siguiendo la estela de una “revolución de los modestos” encabezada por el AZ y propiciada por el impacto de la crisis económica en la Eredivisie y sus tres tradicionales dominadores, el Twente finalizó en segunda posición de la liga y perdió la final de la Copa ante el Heerenveen por penaltis. McLaren rehabilitó a un equipo que había acabado cuarto la tenporada anterior y que había perdido a Orlando Engelaar, su jugador más valioso.


