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Un grupo, una piña que no ofrece fisuras, una roca sólida que se autopropulsa y es capaz de atravesar cualquier muro que se interponga en su camino. España es un equipo, así lo ha demostrado. Luis Aragonés dotó a la selección, cosa que yo siempre dudé, de estilo propio y a lo largo de la Eurocopa cada jugador aportó su granito de arena, nadie apartó el hombro. Algunos han sido increíblemente regulares como Casillas, los centrales, Senna o Xavi. Otros han tenido días de gloria fundamentales. Villa se salió al principio, Silva, Iniesta y Cesc aparecieron en los cruces, Guiza terminó de pintar un cuadro de época que gestó el ingenio de Fábregas y Torres se guisó y comió el solito el tanto de la victoria, el gol de la final… España es campeona para gozo de los que amamos este deporte, porque triunfó una propuesta futbolística bella y cautivadora, una propuesta arriesgada que desafió la concepción clásica del 4-4-2, que prescindió de los extremos, que atacó por el centro y sólo por el centro y que demostró una capacidad realmente increíble para innovar en la línea de tres cuartos, improvisando infinidad de soluciones por más duras que fueran las defensas que se le pusieran en frente.
Es el triunfo del grupo, sin duda. Nadie creía en Aragonés, salvo los futbolistas, que lo dieron todo por él. En la mayoría de los casos estábamos ante jugadores jóvenes, con una ilusión bestial por hacerse grandes. Y cada uno contribuyó lo suyo, casi todos tuvieron su pequeña cuota de gloria. Si Villa no estaba aparecía Xavi desde atrás o Guiza o Silva… Y en la retaguardia Ramos creció y se convirtió en gigante, cuajando un choque mayúsculo en la final, secando a Podolski, el dueño de la pólvora teutona… Puyol y Marchena se las gastaron como jabatos, Capdevila exhibió su constancia y Luis volvió a acertar por enésima vez con los cambios para terminar el choque contemplando su obra maestra desde la banda, maravillado por el eterno tocar. Y tocar y tocar y tocar. Y fluir y fluir y fluir… España hiló fino e hizo historia, siendo la clave del éxito la cohesión inquebrantable de un bloque inolvidable que bajo ninguna premisa debe ser alterado; eso lo tiene que tener muy claro el sustituto de Aragonés.
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