
El Valencia está de reconstrucción. Después de una temporada en la que terminó primero de la otra Liga (el mano a mano por el título de Barcelona y Real Madrid dejó al resto de candidatos a varios años luz de la pugna por el campeonato), se ha visto obligado a vender a dos de sus principales estrellas. Dos baluartes que han sido, en los últimos años, jugadores fundamentales para el éxito del cuadro ché. Con la tesorería tambaleándose, con las deudas acechando y a pesar de saber lo que se podía venir encima, Manuel Llorente, presidente valencianista, ha tenido que aceptar las atractivas ofertas de Barcelona y Manchester City para llevarse a David Villa y David Silva, dos campeones del mundo que han crecido y madurado en Mestalla y que han dejado un vacío que, con cierta precaución, trata de cubrir el Valencia.
En total, cerca de 70 millones de euros para aliviar el dolor de unas arcas en la UVI. Con ese dinero, además de sanar un poco la maltrecha economía, se ha reforzado una plantilla un tanto coja sin dos de sus estandartes. Ha llegado el centrocampista turco Mehmet Topal (Galatasaray, 4,5 millones de euros), el defensa portugués Ricardo Costa (Lille, libre), el joven mediocentro francés Sofiane Feghouli (Grenoble, libre) y pretendido por varios pesos pesados continentales, otro jugador para la medular como el argentino Tino Costa (Montpellier, 6,5 millones de euros) y los dos encargados de hacer olvidar una de las mejores vanguardias de las últimas campañas en nuestra Liga: Roberto Soldado (Getafe, 10 millones) y Aritz Aduriz (Real Mallorca, 4 millones), gol nacional para el duro reto de Unai Emery.




