En Argentina, en cada café, en cada esquina, en cada conversación de las últimas semanas y ahora con mucho más fuerza, sale a relucir el Superclásico que se celebrará el próximo fin de semana. Sí, por fin llegó la hora de la verdad, el choque de trenes de los dos grandes clubes argentinos, posiblemente el partido más intenso del mundo, el clásico de los clásicos, 90 minutos que dividen por completo a un país, a familias, algo parecido a lo que es en España un Sevilla-Betis, pero a lo grande. Se trata de la pasión por fútbol en dimensiones desproporcionadas.
Llega el Superclásico tras una fecha que deja muy bien a Boca y tocadísimo a River. El Xeneize se impuso 1-3 en Liniers a Vélez y ajustó una serie de cuentas que no le salían desde el pasado Apertura. Por un lado, ganó en aquel campo en el que perdió el pasado 12 de diciembre el Apertura contra Estudiantes. Y, además, derrotó a Ricardo La Volpe, quien hasta hace poco fuera técnico bostero y que tan mal salió de la Bombonera con afición y gran parte de la plantilla. En un gran inicio, Boca dejó prácticamente el asunto bajo sentencia, liderado por un gran Riquelme, otro que sonrió con especial gusto en el campo de El Fortín, seguramente recordando cuando el Bigotón La Volpe se jactó de decir que para su Boca no quería al todavía (¿por cuánto tiempo?) jugador del Villarreal. Se vengó Román por partida doble porque en la previa el técnico de Vélez le subestimó, presumiendo de que no le haría un marcaje especial. Pues ahí estuvo su error, salir con una defensa con tres centrales sin bandas, situación que el hábil enganche bostero aprovechó para volcar el juego por las bandas y dar por sentada la victoria en el primer periodo.
Sonrió también Miguel Ángel Russo, quien hasta hace unos meses entrenaba a Vélez y que a su llegada al estadio fue objeto de todo tipo de improperios verbales. Y sonrió por último Rodrigo Palacio, quien de nuevo se encontró con el gol tras la salida de su lesión. Nery Cardozo abrió la lata y el jugador del millón de dólares hizo otros dos, el segundo particular fue la sentencia casi a diez del final, cuando el conjunto local se había puesto 1-2 y amenazaba con recurrir a la heroica para remontar. Entonces apareció Román y le dijo a Rodrigo que la metiera.



