El fútbol tiene estas cosas, esos matices que le hacen grande. Estos trofeos, tanto los nacionales como, en este caso, internacional denominados Supercopa, suelen ser partidos a deshora, piedras en el camino hacia una preparación que lleve a los grandes equipos a luchar por todos los títulos de mayor enjundia, uno más si se gana y motivo de crítica si se pierde. Pero cuando el destinatario es un club que no está acostumbrado a levantar copas de la misma manera que otros se convierte en razón para una alegría más que inmensa. Que se lo pregunten a cualquier aficionado o jugador del Atlético de Madrid, nuevo campeón de la Supercopa de Europa tras derrotar por dos goles a cero al Inter de Milán.
No se puede decir que fue un gran partido y es evidente que resultó lastrado por el momento en el que nos encontramos, con los equipos aún lejos de un óptimo estado de forma y ritmo, pero sí fue un encuentro dominado por un Atlético de Madrid que anuló por completo al Inter y que dio una magistral lección de cómo jugar al contragolpe.





