
Miguel Ángel Lotina está cada día mejor valorado. En su día se le colgó cierta mala fama de entrenador ultraconsevardor tras el descenso de la Real Sociedad en la temporada 2006-07, pero el de Meñaka tiene una carrera llena de éxitos pues, en el fútbol, no todo es ganar títulos. Se dio a conocer cuando llevó al Numancia, que entonces militaba en Segunda B, hasta los cuartos de final de la Copa del Rey del 96, donde cayeron con honores contra el Barcelona. Tres años después llevó a los sorianos a la Primera División y en el 2000 al Osasuna y logró clasificar al Celta para la Champions League en el 2002.
Después vino el descenso con la Real del que hablaba antes. El enfado en Donostia se vio acrecentado porque sus aficionados no entendieron que su equipo, estando peleando la permanencia, jugara con una defensa de cinco hombres. De ahí viene esa fama que comentaba, una fama que hizo que, a su llegada a A Coruña, se le mirara con cierto recelo, recordando que se había ido del Celta dejando al equipo en descenso (y acabó en Segunda) y teniendo muy presente su última aventura en Euskadi.




