
El partido jugado anoche en Montjuic fue un derby con todas las de la ley, pero a diferencia de otras ocasiones tuvo un ingrediente principal: fútbol. No sólo ambiente, tensión, rivalidad ciudadana, importancia de los puntos. Tuvo calidad y dos estilos para conseguir la victoria de dos equipos apenas separados por un par de puntos cumplido el primer tercio del campeonato.
El Barcelona al comienzo parecía que iba a monopolizar el choque, como si quisiera que las crónicas posteriores hablaran sólo de él. Concentrado, sin realizar una salida intimidatoria pero buscando a Kameni en cuanto disponía del balón. Touré unía la defensa con la media; Xavi, bastante recuperado de sus últimos partidos tras los compromisos con España gobernaba el balón, y podía mezclar el juego: bien apoyándose en el juego entre líneas de Iniesta y Bojan o bien buscando los constantes desmarques en largo de Gudjohnsen. Y cuando no encontraba ninguna de estas opciones, balón a Messi.







Se preveía una temporada complicada para el RCD Espanyol. En la Liga pasada se habían salvado del descenso en la última jornada, y con la llegada de Ernesto Valverde al banquillo, se arrancaba un año que podría definirse como de transición, con un proyecto a largo plazo. Pero las cosas fueron mejor de lo esperado.
Hay un dicho en España, sobre todo para aquellos que nos leen al otro lado del charco, que dice que cuando alguien tiene mucha suerte, y ésta se repite varias veces, “tiene una flor en el culo“. Desde ayer, porque el Real Madrid no mantuvo el liderato por si mismo, sino 


