
No juega en el Barcelona, no ha ganado el Balón de Oro, no es la imagen de Adidas ni parece que el Manchester City esté dispuesto a pagar una millonada por su traspaso, y sin embargo es uno de los futbolistas del momento. Si todos tienen su momento de gloria, Pablo Infante lo está viviendo ahora. El Mirandés está en cuartos de final de la Copa del Rey por mucho que se pellizque tras eliminar a dos primeras como Villarreal y Racing de Santander, gracias en buena parte a su extremo izquierdo, un Pablo infante que tuvo que buscarse la vida tras la desaparición del Real Burgos, donde militaba en las categorías inferiores.
Encontró acomodo en tercera división, donde debutó con 19 años en el Racing Lermeño para después vestir la camiseta de Río Vena y Arandina antes de fichar por el Mirandés en 2005, con el que consiguió el ascenso a la categoría de bronce en 2009. Sólo un año después estuvo a punto de llegar a segunda, pero el Guadalajara se cruzó en los play off de ascenso. Hoy, con 31 años, es el máximo goleador de la Copa toda vez que se calza las botas y no tiene que trabajar en el banco para ganarse el sustento, pues, diplomado en Empresariales, el sueldo de la segunda B no le da para vivir.






