
Los amantes del fútbol de entrega, con altas dosis de pizarra y planteamiento táctico, lleno de fuerza, lucha y juego directo, tienen mucho con lo que disfrutar este martes. Chelsea y Liverpool han conseguido por méritos que su enfrentamiento sea casi un “clásico” de la Champions League en semifinales. Para ambos clubes ingleses, representa su tercer choque consecutivo a estas alturas de la máxima competición continental.
El guión de este duelo entre los hombres de Rafa Benítez y Avram Grant está bien escrito si tenemos en cuenta esos últimos enfrentamientos europeos. En seis partidos entre rojos y azules, contando además de las tres semifinales su coincidencia en la fase de grupos de la temporada 2005-2006, se marcaron únicamente tres goles. Ambos están lejos de su objetivo liguero para hacerse con la Premier, así que en este choque se puede decidir gran parte de su éxito en una temporada en que ambos clubes, de nuevo, se han dejado bastante en dinero en fichajes. Especialmente el Liverpool.
¿Qué podemos esperar para que esta tónica cambie y asome el jogo bonito y ofensivo? Absolutamente nada. Todo lo que no sea ver un planteamiento táctico conservador, pensando en el partido de vuelta y dos equipos más preocupados de neutralizar la fortaleza del contrario en vez de aprovechar sus debilidades, estará fuera del guión y será una sorpresa.


El secretario de Estado para el Deporte del Gobierno británico, Gerry Sutcliffe, ha criticado esta semana los salarios de los futbolistas de la Premier League, haciendo hincapié en el salario del capitán del Chelsea y de Inglaterra, John Terry.


El Liverpool fue mejor que el Chelsea, pero como casi siempre, el equipo de Mourinho se escapó vivo. Esta vez, eso sí, tuvo la colaboración del árbitro en forma de un dudoso penalty de Finnan sobre Malouda que transformó en gol Lampard.
El Chelsea se ha hecho fuerte principalmente a base de un estilo de juego muy claro: saben defender muy bien cuando es necesario y tienen la capacidad de pegar con fuerza en los momentos clave. Una muy buena ejecución de este estilo de juego, sobre todo en campeonatos que no son de eliminación directa, tiende a ser suficiente para destacar como uno de los mejores. O en el caso de la Premier League, como el mejor.

